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cuentos no eróticos (relato corto)

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Cuentos no eróticos (relato corto)
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Antiguo 05/04/10, 19:54   #1
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Cuentos no eróticos (relato corto)

Viaje

El mensaje en su celular le indicaba que ya era hora de partir. Le estaban esperando en la puerta de casa, para ir al Aeropuerto. Había repasado mentalmente mil y una veces que no se olvidara de nada. Las dos maletas iban repletas de ropa y regalos. Menos mal, pensó, que esta compañía me deja bastante franquicia de equipaje.

El trayecto hasta el Aeropuerto fue rápido. Era ya tarde, hora de cenar para muchos. Quedaban en la calle los últimos rezagados que salían tarde de su trabajo, enlazándose, sin solución de continuidad, con los más tempraneros amantes de la fiesta y la diversión. Pero él permanecía ajeno a todo este movimiento que se desarrollaba en la gran urbe. Su único pensamiento estaba puesto en llegar pronto a su destino, que se encontraba lejos, muy lejos de su lugar de residencia habitual.

Se bajó del vehículo, pagó al taxista y éste le ayudó con las maletas. Tuvo la amabilidad de esperar mientras se dirigía a la terminal para tomar un carro y así cargar el equipaje. Se despidió, le dio las gracias y se dirigió hacia el interior de la terminal, en la zona de salidas.

La cola para facturar era importante. La aerolínea tenía mucha demanda, así que tuvo que ponerse en fila para que, pacientemente, los empleados fueran etiquetando y pesando convenientemente el equipaje. Finalmente le llegó su turno. Saludó cortésmente al empleado que lo atendió. Éste le dio sus pasajes, ya listos, y le indicó cuál era la puerta de embarque.

Las esperas en aeropuertos siempre son tediosas, sobre todo cuando hay que enlazar con otros vuelos. Uno tiene la sensación de haber estado perdiendo el tiempo mientras aguarda el momento en que su avión ha de partir. Será por eso que en algunos aeropuertos hay hasta un Casino. Pero no era el caso de éste.

Se dirigió al control de pasaportes. Mostró su pasaje y su documento. El policía le dejó pasar. Accedió, pues, a esa zona restringida, reservada sólo a los elegidos que han de tomar un avión. Cuando era pequeño había ido con su familia a ese Aeropuerto, para ver partir a los aviones. Recordaba un avión azul de Air France, alzándose cual majestuoso pájaro por los aires. Recordaba también cuando estaba en el campo, con otros niños, y al ver un avión, a lo lejos, le gritaban “avión, avión, avión”. Siempre levantaban la vista al cielo, para ver la estela que dejaban los reactores. Era un lugar despejado, así que era fácil verla. Entonces él pensaba: “algún día yo viajaré en avión”. Por aquel entonces su mundo se reducía a unos cientos de kilómetros a su alrededor. Ni pensamientos tenía de cruzar alguna vez el charco. Le llamaba la atención, no obstante, la curiosa forma de hablar de la gente del otro lado. Disfrutaba viendo el programa “300 millones”, porque le acercaba a lugares remotos, que sólo podía imaginar, pero que gracias a la pequeña pantalla podía ver.

En la escuela aprendió las capitales del mundo. Se las sabía todas, aunque ahora, con los nuevos países, seguro que alguna le faltaría. Porque ¿quién sabía cuál era la capital de Azerbaiyán ¿ Y no porque Azerbaiyán no fuera un país grande, sino porque era un país nuevo, al menos nuevo en el concierto de las naciones independientes.

También recordaba algunos comentarios que había oído de su abuelo. Éste tenía un amigo que emigró a un país del Nuevo Mundo. Y según decía, allí cambiaban cada día de Gobierno. Pensó cómo debía ser eso de tener hoy un presidente, mañana otro y pasado otro. Al final seguro que el amigo sería presidente por un día. Tal vez de esa forma nadie se pelearía por el poder, ya que todos lo tendrían, aunque fuera por un día.

Todos estos pensamientos pasaron raudamente por su mente, mientras esperaba el momento en que le llamasen para embarcar. Ya estaba en la puerta del finger , y tan sólo esperaba el momento en que el tripulante de cabina indicara que ya podían pasar al interior del avión.

El inexorable tiempo de espera tocó a su fin. La azafata se acercó al pequeño mostrador, al lado de la puerta que daba acceso al finger, y empezó a validar los pasajes de la gente, a medida que se iban acercando. Empezó primero por los de clase bussiness , y luego siguió con la gran mayoría que viajaba en clase turista. Llegó su turno, y una vez cumplidas todas las formalidades, accedió a las entrañas del gran pájaro de acero.

Buscó el asiento que le había correspondido. Quería estar al lado de la ventana. Otros con más experiencia que él así se lo habían recomendado. Finalmente lo encontró, y entre el barullo del gentío que se agolpaba en el estrecho pasadizo que queda entre las diversas hileras de butacas, consiguió hacerse un hueco para colocar su bolsa de mano en el compartimiento que había destinado al efecto, justo encima de donde se sentaban los pasajeros.

Se sentó, finalmente, o mejor dicho se encajonó entre butaca y butaca. Había que dejar espacio para el pasajero de al lado, en el caso de que finalmente apareciera, como así fue. Una mujer de mediana edad, rolliza, con el aspecto propio de los habitantes del país al que se dirigía la aeronave. La saludó, y el saludo le fue devuelto. La mujer casi no alcanzaba a colocar el equipaje en su lugar, así que él le sugirió si podría colocárselo, ya que era más alto. La mujer accedió encantada, y le dio las gracias por su amable ofrecimiento. Dijo que muchos españoles no la trataban con tanta consideración. Él sólo respondió que en el mundo había de todo. Tiempo tendrían, si querían, de conversar, durante el vuelo, de todo lo divino y lo humano. Recordaba una ocasión en que viajó en tren al sur de España. Durante el camino conversó con una chica (él entonces era muy joven). Pero cuando se despidieron no se intercambiaron teléfonos ni nada por el estilo, pese a que la conversación fue muy amena y parecía que podrían ser algo más que amigos.

Así es la vida. A veces tenemos extraños compañeros de viaje, con los que llegamos a entablar una confianza increíble. Tal vez esa confianza se cimenta en que sabemos que no vamos a volver a ver más a esa persona. Sería por eso, pensó, que a veces los taxistas hacen de confesores. Cosas de los tiempos modernos, donde el Internet y el anonimato de los chats han sustituido a las consultas de los psicólogos o al confesorio de los curas.

Todo en esta vida tiene un final, y así fue con el bullicio desmedido del interior del jet. Cuando todo el mundo se hubo sentado, el capitán dio la bienvenida a bordo a través de los altoparlantes. Seguidamente, la tripulación de cabina dio las instrucciones pertinentes para saber qué hacer en caso de emergencia. Él pensó que si alguna vez se daba esa situación, seguramente no sabría qué hacer. Prefería no pensar en ello.

Se ajustaron los cinturones de seguridad, y el avión conectó sus motores. El ruido era ya considerable. El aparato empezó a moverse por la pista, en dirección a la zona de despegue. Su velocidad era lenta, pero impresionaba por el tamaño y la altura desde la que se veía el suelo. Al cabo de unos minutos el avión quedó encarado correctamente en la pista número 3. Los motores empezaron a aullar como una jauría inmensa de lobos, y el avión arrancó a correr sobre la pista. El empuje era tan grande que imposibilitaba cualquier movimiento hacia delante. La espalda se mantenía pegada al respaldo como si hubiera estado soldada al mismo. Un silencio sepulcral, sólo roto por el estruendo de los reactores, reinaba en el aparato.

Al final, tras una carrera desenfrenada hacia el abismo, el avión se levantó del suelo. Y entonces él se acordó de aquel avión de Air France que había visto hacía ya tantos años. Ahora era él el que alzaba el vuelo, y tal vez otros niños le mirarían con envidia y asombro desde la terminal de salidas. Entonces él pensó que volar era maravilloso, que esa sensación de levantarse y vencer la fuerza de la gravedad era algo que no podía compararse con nada.

El avión ya volaba libre hacia su destino. Y él, arrebujado en su asiento, no dejaba de pensar en qué le esperaría cuando llegase a su Destino. Pero mientras tanto, seguía disfrutando de su vuelo. Y pensó: “Tal vez Dios no dio alas a los hombres porque estos son bastante listos como para procurárselas por sí mismos”.
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Última edición por guest; 06/04/10 a las 12:21. Razón: añadir foto cabecera de hilo
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Maresme

Es el nombre de una comarca próxima a Barcelona. Los municipios costeros que la componen casi se encaraman a la montaña, que tiende a unirse con el mar. Es zona de residencia de muchos barceloneses, a los que la carestía de la vivienda en la gran urbe ha “desterrado” a esta comarca. Por ello las viviendas o chalés que salpican toda la geografía del Maresme han visto aumentados sus precios de manera ostensible.

Es en esta comarca donde vive y trabaja Ali. El no tiene la suerte de residir en una de las magníficas urbanizaciones que jalonan el paisaje. Comparte un pequeño piso con otros muchos compatriotas suyos. Los alquileres están muy caros, y Ali no gana suficiente para pagar uno él solo, así que se ve obligado a compartir piso.

Ali es musulmán, pero no árabe. Proviene de Mauritania, un país situado al sur de Marruecos. Tiene la tez oscura y el cabello rizado, como corresponde a la gente de su raza. Sus brazos son musculosos y sus manos están llenas de callos. Son ásperas al tacto, más aun si las observamos de cerca, con sus gruesos dedos. Se diría que con un manotazo de los suyos podría tumbar a cualquiera. Pero Ali no es ningún matón de barrio. Es simplemente un jornalero del campo, alguien que cada día se levanta temprano para recolectar las lechugas y tomates que, horas más tarde, compraremos en alguna gran superficie comercial próxima a la gran urbe.

Ali sabe sobradamente que el trabajo del campo es duro y está mal pagado. Pero no le importa: tiene contrato y papeles. Se considera afortunado de tener un lugar donde dormir y dinero para comer. Allá en su país se moría literalmente de hambre. No quiere hablar de su pasado, aunque intuimos que su vida no habrá sido precisamente un camino de rosas.

Cada día se levanta temprano, y se dirige a uno de los muchos invernaderos que podemos encontrar en la comarca. Si el trabajo en el campo es duro, estar en un invernadero es como trabajar en las calderas del Infierno. Ya sea invierno o verano reina una humedad altísima. Y si es verano, los plásticos translúcidos que los cubren actúan como lupa con el Sol, sin dejar escapar un átomo de su calor. El resultado es que los tomates maduran en pocas semanas, y que las lechugas crecen más rápido que en campo abierto.

Pero esa cosecha ha de ser recogida a mano. Y aquí es donde interviene Alí y otros como él. Se adentran en los invernaderos, donde el calor es insoportable. Se alcanzan temperaturas de cincuenta grados, con humedades del 90%. Pero no importa: su torso está empapado de sudor, y ha de echar mano de la garrafa de agua que lleva consigo. Laboriosamente, va recogiendo, una por una, las lechugas que ya están en su punto. Cuando ha terminado, sale con ellas.

Cada viernes por la tarde es día de cobro. Ali espera ese día como agua de mayo. Los pocos euros que le pagan por su agotadora jornada laboral son su tesoro más preciado. Le permitirán salir a pasear por Barcelona o por Mataró. En Barcelona va a un local regentado por nigerianos, en el barrio de Sant Andreu, donde tocan música africana. Es una especie de ghetto donde no se ve un solo “rostro pálido”. Pero eso a Ali no le importa. Allí departe con otros inmigrantes sobre su trabajo y sus ilusiones. Le gustaría encontrar una mujer musulmana, preferiblemente de su país, para poder formar un hogar en España. No sueña con volver a su país, porque allí no tiene nada ni nadie que le espere. Es casi un apátrida.

Para llegar a Barcelona toma el tren de la costa. Luego ya volverá en el bus nocturno. Sus ingresos no le permiten costearse otro medio de transporte. Llega a Plaça Catalunya, y allí toma el Metro dirección Sant Andreu. Es viernes por la noche, y en el suburbano se nota una cierta algarabía: son grupos de jóvenes que salen de fiesta.

Ali llega a su parada, y se baja del vagón. Sube las escaleras y se dirige, por la desierta y oscura calle, hacia su local favorito. En este barrio no se ve nunca mucha gente, piensa, y menos de noche.

De repente, desde una calle secundaria, aparece un grupo de jóvenes. Son blancos, de estética skin. Visten las típicas cazadoras “Bomber”, con botas militares. Son jóvenes, bastante más que Ali. Pero hay un problema. Ellos son cinco, y Ali está solo. Y ellos, además, van armados con puños americanos. Ali sólo tiene sus fuertes y callosas manos.

Los jóvenes increpan, desde la otra acera de la calle, a Ali. Este sigue su camino, sin decir nada. Uno de ellos, el más “valiente”, se separa del grupo y se dirige hacia Ali, corriendo. Le ve llegar, le espera, y cuando se quiere abalanzar sobre él para propinarle un puñetazo, Ali le esquiva con un movimiento rápido. No quiere confrontación, porque sabe que tiene las de perder. Ellos son cinco, él sólo uno, y además es inmigrante. La policía siempre les creerá más a ellos que a él, aunque él sea un simple y honrado jornalero y ellos unos gamberros.

El chico cae al suelo, del impulso que traía. Se levanta y empieza a gritar “el negro me ha pegado”. Al instante, sus compañeros se dirigen hacia él. Ali se siente perdido: va a tener que luchar, tal vez por su vida. Mira si tiene alguna posibilidad de escapar. Lo único que se le ocurre es correr calle arriba. Tal vez si consigue llegar al local antes que sus perseguidores, logre allí recabar ayuda. Si hay que pegar, es mejor no estar solo.

Decidido, Ali se lanza a la carrera. Sus perseguidores, como una jauría de perros enloquecidos, van detrás de él. Corre todo lo que le permiten sus fuerzas. Nota el aliento del depredador en su espalda, pero no deja de correr.

Consigue llegar a la puerta del local, y la abre con violencia. Entra dentro: es como un santuario, o eso creía él. Parece que los cabezas rapados tienen ganas de pegar a alguien esta noche. Entran a continuación de Ali, pero ahora se encuentran en terreno “hostil”. No hay ningún blanco en toda la sala.

Los presentes se dan cuenta de inmediato de la situación. El que atiende tras la barra, la pareja que se encontraba al fondo, en situación muy acaramelada, los pocos que bailan en la pista, todos y cada uno es consciente de qué está sucediendo en ese momento.

Los “valientes” cabezas rapados, al verse en inferioridad, intentan escapar por donde han venido. Pero una enorme masa humana les cierra el paso. Es uno de los porteros del local, también negro, pero más corpulento que Ali. Su brillante calva y su constitución física recuerdan, de lejos, a Mike Tysson, el boxeador.

El que había intentado agredir a Ali saca un puño americano y amenaza al portero. Este no se inmuta. Entonces el cabeza rapado intenta hacer uso de tan mortífera arma. Pero se encuentra con una férrea mano que le sujeta el antebrazo. De inmediato, la mano empieza a ejercer una fuerte presión, y el chico se ve obligado a soltar el arma, no sin antes dejar escapar un ahogado grito de dolor.

Ali no ha tenido tiempo de articular palabra: pero los que le han visto entrar saben el por qué de su acaloramiento. El aspecto de los que acaban de entrar y su comportamiento lo dicen todo.

El resto de la banda de cabezas rapados ha quedado sin capacidad de respuesta, ante la pequeña demostración de fuerza del portero del local. Mientras el agresor del puño americano se frota su dolorida muñeca, el resto de clientes del local ya han rodeado a los otros cuatro integrantes del grupo. Al unísono, como impelidos por un resorte invisible, se abalanzan sobre ellos, inmovilizándoles en pocos segundos. El que se resiste recibe como respuesta un brazo retorcido. No tardan en dar con sus narices en el suelo, intentando escapar de la fuerte tenaza que les sujeta. Es el momento que aprovechan los otros para echarse encima de ellos, e inmovilizarlos bien en el suelo. Un brazo en forzada posición a la espalda, y la cabeza aprisionada contra el suelo por una poderosa mano es el espectáculo que se puede contemplar en lo que era, hasta hace poco, un lugar destinado al baile y a la conversación.

El camarero, que es también encargado del local, sabe que Ali es cliente habitual. Así que, con la confianza que le da el trato habitual, le comenta qué quiere que hagan con sus agresores. Ali no es vengativo, pero cree que sus agresores merecen alguna clase de escarmiento. Fácilmente podría decir que los molieran a palos. Y no tendrían posibilidad alguna de escaparse de una brutal paliza. Pero en lugar de eso, pide al resto de los presentes que les quiten las chaquetas “Bomber”, para vaciarles los bolsillos de cualquier arma. De inmediato las chaquetas vuelan lejos de sus propietarios, cayendo al suelo con un ruido metálico. En el aterrizaje forzoso quedan por el camino puños americanos, navajas y otros objetos contundentes.

A continuación, Ali sugiere que les saquen sus botas militares, porque con su puntera de hierro podrían lastimar a alguien. Dicho y hecho; los cabezas rapados quedan descalzos.

Los cinturones con púas son susceptibles de poder ser usados como arma. Algunos miembros de la banda los llevan. Ali hace que se los quiten.

Ya finalmente, sin chaquetas, sin botas y sin cinturones, los cabezas rapados son conducidos a la puerta del local, y se les echa a la calle con un fuerte empujón, tan fuerte que alguno de ellos rueda por el suelo, y comprueba la dureza del asfalto de la calle.

Cuando los skins se reincorporan, optan por la solución más cuerda, y se alejan rápidamente del local, entre las sonoras carcajadas de los clientes.

Más tarde, el encargado conversa con Ali, y le pregunta por qué no ha querido que sus agresores recibieran una buena paliza por su mala acción. Ali le responde, con convicción, que eso formaba parte de una lección para esos individuos.

Dice Ali: “si les damos una paliza, les estamos justificando en su actitud violenta. Si llegan ante otros miembros de la banda con múltiples heridas causadas por golpes, volverán a actuar y será un círculo sin fin. Es más, serán considerados héroes o mártires En cambio, con lo que les hemos hecho, sentirán tanta vergüenza que no se atreverán a contárselo a nadie. Y es probable que cuando vuelvan a salir en grupo, se acuerden de la vergüenza que pasaron aquel día, y no vuelvan a actuar así”

El encargado se queda perplejo ante tal explicación. Piensa que Ali es algo así como un iluminado, un pacifista al estilo de Ghandi, o bien es tonto de remate. Todo esto pasa por su cabeza en pocos segundos. Pero no, Ali no es nada de todo esto: es simplemente una persona que ha estudiado en la “universidad de la vida”, y sabe que ésta no perdona a los “malos estudiantes”.
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Antiguo 16/04/10, 07:47   #3
Latina Carioca está desconectado Latina Carioca
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La vida tan simple es buena casi siempre...

Bueno antes que leais, quiero decir que no sé expresarme bien en castellano, y tampoco dominobien la gramática y ortografía en castellano, dado a que aprendí el castellano de oirlo, asi que pido perdon por los fallos que seguro habran.





A veces todo parece fuera de sitio, incluso tu interior, tus pensamientos y alma parece estar fuera de sintonia...
¡Y en este momento sabes bien lo que debes hacer!
Te entregas a un momento que lo deseas con toda tu fuerza, pero a la vez lo teme...
Lo desea por que sabe que en ello encontras la paz, la alegria, la energia vital para seguir construyendo tu historia.
Pero lo temes, y lo temes por que sabe lo cuanto eso te encanta, y lo cuanto de dolera si te acostumbras a esa fuente de energia y ella se agote cuando menos tu lo esperes.


Hacer planes esta bien, previnirse de las malas pasadas tambien es correcto,pero sabes que no puedes ser egoista contigo misma y que debes dejar la armadura de un lado y entregarse a ese momento. Momento ese que es tan puro y ingenuo que te hace recordar tu infancia, tu adolescencia,tus mejores momentos...
Y alli esta él, una vez mas siendo capaz de hacerte degustar del sabor de dos sentimientos tan diversos como la alegria y el miedo en un solo momento...
Él que te entiende, te conoce, él que no necesita hacerte preguntas para saber lo que tu deseas.
Él, el dueño de la mirada mas atraente,invasora y la vez mas tierna.
Pero él tambien es aquel que te quitará toda esa alegría al dejarte solo su ausencia. Que niega aquella sonrisa que parece refletir tu alegria, que parece salir de tu alma...

Es en este momento que te entrara el miedo, el miedo a aprender a no amar, a olvidar lo que es realmente ser feliz, miedo a dejar de creer que las cosas y la vida tan simple es buena casi siempre...

Por miedo a no conseguir la felicidad de la manera mas simple,vas al camino de las metas, objetivos y desafios, por que sabes que si no te sale bien y no encuentras la felidad, tendras siempre la escusa que no era todo facil,facil como el simplismo...

¡Estraña sensacion de no saber si estas siendo valiente o cobarde!
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Última edición por Latina Carioca; 16/04/10 a las 08:40.
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Antiguo 17/04/10, 13:21   #4
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El elefante encadenado 忍者

El elefante encadenado

Cuando yo era un pequeño aprendiz de Batman me encantaban los circos :spocht5:, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales . Me encantaba el elefante. Durante la función, el gran elfante hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza excesiva... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.

Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir para ser libre.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces atado a esa minúscula estaca? :s189:¿Por qué no huyede la estaca ?. Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores.

Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante.

Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente, capullos que jodido derecho tenían para engañar a mi niño interior!.

Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que la sabiduría de mi maestro :sm059: me daría la respuesta.

El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca, sufriendo.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo.

La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el elefantito aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez... :s173:

Luego de leerlo me aparecen algunas preguntas, cuántas decisiones en la vida no hemos tomado por temor?.....por pensar que no podemos......y no lo intentamos....cuántas veces nos hemos limitado a crecer o vivir de otra forma la vida, por seguir encadenados.... nuestra vida sería diferente si lo hubiéramos intentando?, será tiempo aún?..... qué quisiera cambiar?.... ahora..que puedo....!


Si porque ahora puedes! Ahora puedes romper esas cadenas! Todo el sufrimiento que has pasado te a echo más fuerte! Un fuerza invisible reside en tu interior! Solo tienes que tener fe y esperanza, confiar en ti mismo y romper las estacas y cadenas invisibles que te atan!.

:etereo: 忍者 :etereo:
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Antiguo 15/05/10, 19:49   #5
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Cuento para SHINOBI.

Camino por mi camino.Mi camino es un camino de sueños e ilusiones.

A mi izquierda un muro enorme , ese muro separa mi camino del camino de alguien que transita a mi lado, al otro lado del muro.

De vez en cuando en este muro hay un agujero, una ventana, una grieta… y puedo mirar hacia el camino de mi compañera o compañero.

Un día mientras camino, creo ver, del otro lado del muro, una figura que pasa a mi ritmo, en mi misma dirección.
Miro esa figura: es una mujer, ella es tremendamente hermosa.

Ella también me ve. Me mira.

La vuelvo a mirar.

Le sonrío… y ella me sonríe.

Un momento después ella sigue andando su camino y yo empiezo a andar más rápido porque espero ansiosamente la próxima oportunidad de cruzarme con esa bella mujer.

En la próxima ventana me detengo un minuto.

Cuando ella llega, nos miramos a través de la ventana.

Parece tan ilusionada conmigo como yo con ella.

Le digo por señas lo mucho que ella me gusta.

Me contesta por señas. No sé si significan lo mismo que las mías, pero intuyo que ella entiende lo que quiero decirle.

Siento que me quedaría un largo rato mirándola y dejándome mirar, pero sé que mi camino debe continuar …
Me digo que más adelante en el camino, habrá seguramente una puerta y quizás pueda yo cruzar a encontrarme con ella.

Nada da más certeza que el deseo, así que me doy prisa por encontrar la puerta que imagino que unirá a ella.
Empiezo a correr con la vista clavada en el muro.

Un poco más adelante la puerta aparece.

Allí está del otro lado, mi ahora deseada y amada compañera, esperando, esperándome.

Le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire.

Me hace una seña como llamándome. Es todo lo que necesito.

Emprendo contra la puerta para reunirme con ella, de su lado del muro.

La puerta es muy estrecha, paso una mano, paso el hombro, hundo un poco mi estomago, me retuerzo un poquito sobre mí mismo, casi consigo pasar mi cabeza pero mi oreja derecha se queda enganchada.

Empujo.

No hay caso, no pasa.

Y no puedo usar mi mano para torcerla, porque no podría poner ni un dedo allí…

No hay espacio para pasar con mi oreja, así que, tomo una decisión…

(Porque mi amada está allí, y me espera…).

(Porque es la mujer que siempre soñé y me llama…)

… Saco una navaja de mi bolsillo y de un sólo tajo rápido, me animo a darme un corte en la oreja para que mi cabeza pase por la puerta.

Y tengo éxito, mi cabeza consigue pasar…

Pero después de mi cabeza, veo que es mi hombro el que queda trabado.

La puerta, no tiene la forma de mi cuerpo.

Hago fuerza, pero no hay remedio, mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi otro brazo no pasan…

Ya nada me importa, así que…

Retrocedo, y sin pensar en las consecuencias, fuerzo mi paso por la puerta.

Al hacerlo, el golpe desarticula mi hombro y el brazo queda colgando como sin vida, pero ahora, afortunadamente, en una posición tal que puedo atravesar la puerta…

Ya casi… casi, estoy del otro lado.

Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar por la hendidura, me doy cuenta de que mi pie derecho se ha quedado enganchado del otro lado.

Por mucho que fuerzo y me esfuerzo, no puedo pasarlo.

No hay caso, la puerta es demasiado angosta para que mi cuerpo entero pase por ella.

Demasiado angosta, no pasan mis dos pies…

No lo dudo. Estoy ya casi al alcance de mi amada.

No puedo echarme atrás… Así que, agarro el hacha, y apretando los dientes, doy el golpe y desprendo la pierna.

Ensangrentado, a los saltos, apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos, me encuentro con mi amada.

Le digo:

- Aquí estoy. Por fin he pasado. Me miraste, te miré, me enamoré. He pagado todos los costos por ti… Todo vale en la guerra y el amor. No importan los sacrificios… valían la pena si eran para encontrarse contigo… para poder seguir juntos… juntos para siempre…

Ella me mira, se le escapa una mueca y me dice:

- Así no, así no quiero… A mí me gustabas cuando estabas entero.
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Última edición por SHINOBI; 15/05/10 a las 19:53. Razón: Cuento original del gordo.
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Benzema69 (15/05/10), Salamandra (17/05/10), sure_sex (15/05/10), Valkan (16/05/10)
Antiguo 04/10/10, 22:39   #6
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Las Alas son para volar

" ... Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:

—Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, me parece que sería penoso que te limitaras a caminar, teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

—Pero yo no sé volar –contestó el hijo.

—Es verdad... –dijo el padre y caminando lo llevó hasta el borde del abismo en la montaña.

—Ves, hijo, este es el vacío. Cuando quieras volar vas a pararte aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y extendiendo las alas, volarás.

El hijo dudó:

—¿Y si me caigo?

—Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que te harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.

Los más pequeños de mente le dijeron:

—¿Estás loco? ¿Para qué? Tu viejo está medio zafado...

¿Qué vas a buscar volando? ¿Por qué no te dejas de pavadas?

¿Quién necesita volar?

Los más amigos le aconsejaron:

—¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y, con coraje, saltó... Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero igual se precipitó a tierra....Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre:

—¡Me mentiste! No puedo volar. Probé y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.

—Hijo mío –dijo el padre— para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.

Es como para tirarse en un paracaídas. Necesitas cierta altura antes de saltar.

Para volar hay que empezar corriendo riesgos.

Si no quieres, quizás lo mejor sea resignarse y seguir caminando para siempre "

Es de Jorge Bukay
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--Veré mucho mejor cómo es el jardín --se dijo Alicia-- si puedo subir a la cumbre de aquella colina; y aqui veo un sendero que conduce derecho allá arriba...; bueno, lo que es derecho, desde luego no va... --aseguró cuando al andar unos cuantos metros se encontró con que daba toda clase de vueltas y revueltas-- ...pero supongo que llegaíá allá arriba al final. Pero ¡qué de vueltas no dará este camino! ¡Ni que fuera un sacacorchos! Bueno, al menos por esta curva parece que se va en dirección a la colina. Pero no, no es así. ¡Por quí vuelvo derecho a la casa! Bueno, probaré entonces por el otro lado.
Y así lo hizo, errando de un lado para otro, probando por una curva y luego por otra; pero siempre acababa frente a la casa, hiciera lo que hiciese. Incluso una vez, al doblar una esquina con mayor rapidez que las otras, se dio contra la pared antes de que pudiera detenerse.
--De nada le valdrá insistir --dijo Alicia, mirando a la casa como si ésta estuviese discutiendo con ella--. Desde luego que no pienso volver allá dentro ahora, porque sé que si lo hiciera tendría que cruzar el espejo... volver de nuevo al cuarto y... ¡ahí se acabarían mis aventuras!
De forma que con la mayor determinación volvió la espalda a la casa e itentó nuevamente alejarse por el sendero, decidida a continuar en esa dirección hasta llegar a la colina. Durante algunos minutos todo parecía estar saliéndole bien y estaba precisamente diciéndose --esta vez sí que lo logro-- cuando de pronto el camino torció repentinamente, con una sacudida, como lo describió Alicia más tarde, y al momento se encontró otra vez andando derecho hacia la puerta.............

Atraves del espejo y lo que Alicia encontro alli
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El dinosaurio

Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


Augusto Monterroso
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Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


Augusto Monterroso
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Se puede escribir mucho sobre este corto cuento
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Antiguo 13/10/10, 11:18   #10
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La Tristeza y La Furia - Cuento de Jorge Bucay
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Espero no aburrirooos:P

La mujer del vecino del cuarto es un poco provocativa al vestir, cuando paso a su lado se desabrocha un botón del escote que ya lleva bastante abierto y por lo tanto deja al aire su sujetador que produce en mí una curiosidad inusitada ¡Quiero vérselas! Sí, quiero verle las tetas ¡Me encantan las tetas!

Creo que la mujer del vecino del cuarto es un poco zorra, pero a mí me gusta que lo sea ¡Ya somos dos! Por las cosas que hace y por la forma en que me mira, denota sin la menor duda de que le gustan las chicas ¡Y si son jóvenes, aún mejor! Yo soy joven ¡Muy joven! Si quiere guerra, se la daré sin contemplación alguna. Mañana cuando al salir del colegio me la encuentre en el ascensor le acariciaré el culo por debajo de la corta falda que casi siempre lleva ¡Veré su reacción! Pensando en ella me dormí.

El día de colegio lo pasé pensando en el momento del encuentro con la vecina del cuarto. El día se hizo largo, interminable, tenía tantas ganas de encontrarme con Adelaida ¡Sí, se llama Adelaida! Que los minutos parecían horas ¡Cielos, si mi madre se entera! Espero que no, me dijo que la próxima trastada que hiciera me internaría en un colegio de monjas ¡Eso sería mi perdición! Yo he nacido para ser prostituta y no pararé hasta conseguirlo, a pesar de lo que digan mis padres. A ninguna de las chicas que conozco le gustaría ser de mayor prostituta. Unas quieren ser abogadas, otras médicos, ingenieras en telecomunicaciones las menos ¡Pero putas, ninguna! Pues yo lo seré, y sacaré matrícula de honor ¡Pese a quien pese! Y como todo me salga bien, Adelaida será mi profesora ¡Con chicos ya he follado! Con mujeres aún no, espero que ella sea la primera y que me enseñe todo lo que sepa ¡Estoy segura de que será mucho! Ahí está, no me tengo que poner nerviosa, simplemente meterle mano:

-¡Hola Adelaida! ¿Qué guapa estás hoy?

-Gracias, tú lo estás siempre niña.

-Me llamo Anita ¡Ya no soy tan niña! ¿Quieres saber mi edad?

-No necesito saber tu edad, se que eres una niña muy joven, con eso me basta.

La conversación no me dio pie para meter mi temblorosa mano por debajo de su corta falda, pero yo como siempre hago las cosas por impulsos, sin pensarlo dos veces, lo hice ¡Valla si lo hice! Ella dijo:

-¿Qué haces? No me toques el culo, tienes las manos muy frías.

-Perdona, ha sido un impulso que no he podido reprimir ¡Tienes unas nalgas tan bonitas!

-Niña, me parece que eres un poco guarra. Con la edad que tienes debería de estar dándote el lote con algún chico de tu edad en un banco de la plaza ¿No crees?

La respuesta de Adelaida mandó al traste todo mi proyecto de aprendizaje. Sin duda alguna me equivoqué, ni le gustan las chicas y por lo comentado menos las niñas. Mis piernas temblaban ¡Yo temblaba! ¿Qué pasaría ahora? Si se enfada y le cuenta lo sucedido a mi madre ¡Tierra, trágame! No reaccioné, pero cuando lo quise hacer, ya esteba en mí rellano, sin decir nada salí del ascensor y ella dijo:

-Esto no se queda así, luego pasaré por tu casa para hablar con tus padres ¡Mereces un castigo!

Entré en casa como alma que se lleva el diablo, fui directamente hasta mi habitación y me dispuse para hacer los deberes que me habían mandado en el colegio. Mientras los hacía me preguntaba ¿Por qué es tan difícil? Suena el timbre:

-Anita, abre la puerta que yo estoy ocupada ¡Antes mira por la mirilla! Si no es alguien conocido no abras.

-Mamá, ya sabes que no alcanzo a la mirilla.

-Súbete en una silla como has hecho otras muchas veces ¡Hazlo, estoy acabándome de duchar, ahora mismo salgo!

-¡Vale mamá!

Estaba segura que la que tocaba al timbre era Adelaida que venía para hablar con mis padres. Subida en una silla eché una mirada por el alto visor de la mirilla ¡Jolines! No me equivoqué era la vecina del cuarto en carne y hueso.

-Mi madre viene ahora, está acabándose de vestir.

-Gracia, esperaré aquí mismo.

Mi madre, como no podía ser de otra manera no tardó mas que un minuto en hacer acto de presencia, hizo pasar a Adelaida a la sala de estar y allí estuvieron hablando de mí. Sentí a mi madre como le decía:

-No sé que hacer con esta niña, se ha empeñado en decir que de mayor quiere ser prostituta. Lo dice con tanta naturalidad que me da miedo. Por favor, perdone lo que le ha hecho, le agradezco que me lo halla dicho.

Adelaida se marchó y mi madre tuvo unas palabras conmigo. Yo la escuchaba pero no le ponía ninguna atención ¡Estaba decidida! Esa misma noche me escapé de casa, preparé una mochila con un poco de ropa y todo el dinero de la hucha. Ese fue el principio del fin de mi vida ¡Qué arrepentida estoy! Sólo tenía 12 años, 12 años de fantasías e inexperiencia y la calle es una selva ¡Una selva que te curte, una selva que te destroza!

Mi historia, ahora explicada a los 25 años es una historia como las de muchas chicas que han tenido la mala suerte de criarse sola en las calles de esta o aquella ciudad ¡No importa! Todas son iguales, lo puedo asegurar con conocimiento de causa.

Decidida a realizar mi sueño, salí de casa con destino a la estación de trenes de la ciudad donde vivía, a pesar de mi poca edad, sabía que hacer en todo momento, por lo que decidí poner rumbo a la ciudad de Barcelona (España). Recuerdo que era una noche gélida. Con mi mochila colgada a la espalda esperé hasta escuchar:

-El tren con destino a Barcelona efectuará su salida a las... en el andén 3, rogamos a los señores pasajeros que suban ya que en breve efectuará su salida.

Yo sabía que si sacaba un billete, no me lo darían y avisarían a la policía ya que era una niña. Como años antes había viajado con mi madre hasta Málaga, sabía que pasaba un señor al que llamaban revisor, este hombre tenía la misión de controlar que los pasajeros viajaran con billete. Por lo que se me ocurrió sentarme en un asiento vacío, cuando el revisor llegaba yo me iba al lavabo y cuando llegaba y tocaba le decía que estaba haciendo mis necesidades y que mi madre ya le había dado el billete ¡Tuve suerte! El hombre se lo creyó y me dejó que hiciera lo que tenía que hacer en el retrete. Por la mañana temprano llegué a Barcelona, no había puesto un pie en la estación cuando ya estaba arrepintiéndome de haber huido de casa. Con lo fácil que hubiera sido acercarse a un policía y decirle que me había escapado ¡Lo pensé! Estuve a punto de hacerlo pero en el último momento me arrepentí. No hacerlo fue el segundo error de mi vida ¡Luego vinieron muchos otros!

De la estación al barrio donde hay cantidad de burdeles no tardé más de 15 minutos en llegar. El día por suerte para mis huesos amaneció en Barcelona soleado, empezaba a tener hambre y aunque llevaba 100 euros que tenía ahorrados no me atreví a entrar en ningún bar o restaurante para comer. Andando de aquí para allá me tropecé con un mercado. Allí empecé a darle una dirección a mi vida que sería el tormento del resto de mis días.

Cuando encontré el mercado como estaba hambrienta empecé a robar para comer ¡No había marcha atrás! Ese fue el primer eslabón de una larga cadena de robos, uno llevó al otro y ese fue el rumbo de mi asquerosa vida.

No habían pasado dos semanas cuando ya estaba atrapada en las redes de prostitución infantil de la ciudad ¡Qué pocos escrúpulos tenían! No dudaron en convertirme en lo que yo tanto deseaba. Mis deseos se convirtieron en realidad ¡Por fin me convertí en prostituta! Sí, a los 12 años y dos meses fui follada por el primer individuo ¡Un viejo! Que debía tener más de 50 años, fue el primer hombre que introdujo su gordo y asqueroso pene en mi pequeña vagina la cual desgarró. En ese momento me di cuenta lo que era follar, les aseguro que mentí cuando dije que follé con chicos ¡Nunca lo hice! Ese ser inmenso y calvo fue el primer pedófilo que introdujo su pene en mi vagina, pero no se conformó con eso ¡No! Me obligó a que le chupara el pene después de haberme follado. Perdonad si os ofende mi vocabulario ¡No tengo otro! Es el que he aprendido durante los 13 años de malvivir ¡Es el único que sé!

La errónea fantasía de ser prostituta empezó a pasarme factura. Quise escapar de las garras de la red de prostitución infantil en la que caí ¡Lo intenté, les aseguro que lo intenté! Pero ellos nunca permitieron que me alejara, día y noche era vigilada por una mujer de gran maldad ¡Y menos escrúpulos! Ella era la que se encargaba de recoger el dinero que yo ganaba. Luego con el paso del tiempo supe que pagaban por disfrutar de mi cuerpo ¡Eso era ser prostituta! Ganaba dinero y yo solamente recibía como pago un poco de comida para que no muriera ¡No tenía caprichos! La mala pécora me obligaba a robar a los clientes y darle el dinero a ella ¡Nunca tenía bastante! Con el dinero que le robaba a la mafia y con el que yo robaba a los clientes ella se drogaba constantemente. Todos y cada uno de los días que permaneció a mi lado como secuestradora estuvo drogada.

Mi vida con semejante ser abominable fue un verdadero tormento, nunca tuvo un gesto de cariño. Cuando no follaba con los infanticidas follaba con mi carcelera. Si asco me daba follar con los repugnantes hombres, terror me daba follar con una mujer que parecía muerta ¡No les cuento la falta de higiene que tenía! Una noche mientras me introducía un enorme consolador por mi culo murió. No por la excitación de hacerlo, supongo que fue por la gran cantidad de heroína que introdujo en su cuerpo ¡Así reviente, libre por fin! Eso es lo que pensé, escaparé y me presentaré al primer policía que me encuentre. Otro infortunio ¡Qué mala suerte! La deplorable mujer que me retenía parecía tener un dispositivo avisador incrustado en su cuerpo para cuando su corazón dejara de latir. No habían pasado ni dos minutos, cuando me disponía a dejar esa mugrienta habitación escaleras abajo, se presentaron dos tíos enormes con caras de pocos amigos. Me agarraron y me llevaron con una vieja mujer que sería mi nueva carcelera.

Mis ojos soltaban lágrimas de pura rabia. Había aprendido a no llorar por nada, pero las lágrimas brotaban de mis ojos como si fuera una niña ¡Aunque no lo era! Bueno sí, si lo era, pero en aquellos momentos ya no sabía ¡No sabía qué es lo que era! Mi infancia murió en la casa donde nací ¡Sí, allí en Madrid!

He perdido la cuenta de los hombres y mujeres que han practicado el sexo conmigo. Tres infecciones de vagina y un aborto fueron el resultado de las violaciones repetitivas que sufrí ¡No importaban, me estaba haciendo dura! Mis sentimientos quedaban al margen. Cada vez era más y más impasible ¡Nada me importaba o eso creía yo!

Mi vida tomó un nuevo rumbo al cumplir los catorce años, durante una pequeña fiesta que organizó en mi honor ¡Si eso se podía llamar fiesta! Mi carcelera invitó a un cliente que se encaprichó de mí ¡Cómo no hacerlo! Una niña de catorce años es un majar para estos repugnantes seres ¡Mi vida cambió! Me vendieron como si de un coche se tratara, desde ese momento aprendí a sufrir más ¡Sí aun más! Ese violador de niñas, además de follarme un día sí, y otro también. Disfrutaba dándome unas palizas de las que aún tengo grandes señales ¡Tenía derecho, era mi dueño! Eso es lo que una y otra vez repetía ¡Él lo repetía, yo cobraba! Durante el tiempo que este maravilloso hombre me tuvo en su poder, me obligó a follar sin protección alguna ¡Cómo disfrutaba, él claro está! Quedé 2 veces embarazada pero el muy cerdo tenía tantos contactos que venían médicos ¡Sí médicos titulados! En casa me provocaban el aborto. Así entre ostias y golpes en los riñones y siempre con morados por todas las partes de mi cuerpo fue pasando el tiempo hasta cumplir los 15 años. Qué maravilloso día de cumpleaños, la suerte estuvo aliada en esa ocasión conmigo, como regalo ese energúmeno que me maltrataba murió en un espantoso accidente de tráfico ¡Digo espantoso! No porque semejante animal muriera, sino porque fue a chocar contra un coche ocupado por una familia que murió en su totalidad ¡Hasta para eso fue un hijo de la gran puta! Murió él, pero mató al padre, la madre y a tres hijos de corta edad.

Nuevamente volví a creer que quedaría libre ¡Qué ingenua! Los mismos sujetos que me dieron la noticia del accidente de mi dueño y señor me llevaron con ellos. Me hicieron poner unas gafas oscuras y entre los dos me acompañaron al coche, allí fui drogada y desperté en una casa de prostitución ¡Sí, en un burdel! Con 15 años ya aparentaba 18, por ese motivo fui apartada de la prostitución infantil ¡Pasé a se una mujer! La verdad es que de sentimientos ya lo era ¡Había recibido muchos palos, para no serlo! Por lo tanto pasé a engrosar la lista de las prostitutas de un burdel de carretera. Por lo menos eso me pareció, ya que desde una pequeña ventana podía ver gran cantidad de camiones. Allí pasé dos años más o menos en calma ¡Presa! Pero tranquila, nunca volví a recibir un palo ¡Mi cuerpo lo agradeció!

Una noche alguien olvidó cerrar la puerta de mi habitación y no dudé en escapar, durante toda la noche anduve sin rumbo ¡No sabía dónde estaba! A las seis de la mañana fui de nuevo capturada y posteriormente llevada al burdel. Para escarmiento me obsequiaron con una agradable paliza que me tuvo apartada del servicio durante dos semanas ¡Cuantas y cuantas noches me he arrepentido de huir de casas! Nunca lo había hecho, pero esa paliza hizo que pensara en mis padres. No los culpo, pero me pregunto una y otra vez ¿Cómo permitieron que fuera tan rebelde? Si me hubieran pegado una paliza a tiempo ¡No hubiera recibido tantas a destiempo!

¿Qué me podía pasar que ya no lo hubiera hecho? Nada, Eso es lo que yo pensaba. Pero me encerraron con una chica que era heroinómana, hasta ese momento nunca había tomado drogas, pero estaba tan asqueada de mi vida ¡Me dolía tanto la paliza recibida! Que quise acabar con mi vida. Recogí la jeringuilla que esa chica acababa de inyectarse y sin dudarlo dos veces me la inyecté con aire. No tardó en producirme una embolia en el brazo ¡Qué dolor! Daba unos gritos que se debían sentir en todo el edificio. Los vigilantes no tardaron en llegar, para callarme no dudaron en aplicarme una dosis doble de heroína, su intención era matarme para que callara, pero en lugar de conseguirlo al introducir la dosis de heroína la embolia desapareció y con ella el dolor. Así me convertí en drogadicta ¡Heroinómana, sólo me faltaba eso! Prostituta por obligación y drogadicta por necesidad. Muriendo poco a poco, estaba alegre, así no me enteraba de si los clientes vaciaban su semen, en mi culo, coño o boca ¡Me daba igual! Pasó el tiempo sin sentir, cuando cumplí los 18 años ya era todo un cadáver andante.

Como no podía suceder de otra manera enfermé ¡Ya no valía para ejercer como prostituta! El médico me diagnosticó que tenía el SIDA, siendo portadora de tan temida enfermedad intentaron quitarme del medio inyectándome una gran cantidad de heroína pura y me tiraron el la cuneta de una carretera para que allí muriera y me encontraran con la jeringuilla clavada ¡Sería una muerte por sobredosis! Nadie sospecharía nada, nadie investigaría nada, sería la muerte de una drogadicta más. Pensaron que mi cuerpo no resistiría ¡Se equivocaron!

Fui encontrada por una patrulla de la policía municipal y con urgencia llamaron a una ambulancia ya que aún respiraba. Sentía como hablaban, les sentía pero no les veía, estaba apunto de dejar este maravilloso mundo para ir a otro ¡No sé cual! Pero sin duda a otro mejor que en el que me ha tocado vivir. Como siempre y por desgracia para mí, mi cuerpo aguantó y en el hospital fui recuperada para la sociedad ¡Eso creía yo!

Con mi recuperación empezó un nuevo calvario ¡Qué desdichada! Mejor hubiera sido encontrar el camino hacia otro mundo. ¿Qué hacía ya en éste? Enferma, prostituta y casi analfabeta ¿Qué podía esperar de la vida? Totalmente curada respecto a las heridas y secuelas físicas ¡No las síquicas! Me dieron el alta:

-Señorita, tiene que tomarse estas pastillas todos los días durante el resto de su vida ¡No lo olvide! Lleve este informe a su médico de cabecera y el se las recetará.

Yo no sabía nada, salí del hospital y me senté en un banco de un parque que estaba justo frente a la puerta principal. Como catatónica estuve sentada durante todo el día, las personas que pasaban miraban, murmuraban pero ninguna me ayudaba ¡No sabía que hacer!

-¿Señorita, se encuentra bien?

Un niño ¡Un niño! Que paseaba por el parque en bicicleta fuel el que se dignó a preguntar por mi estado, Si ese era el mundo que me había perdido durante esos 6 penosos años ¡No había perdido nada! Todo lo empezaba a ver de color oscuro. Empecé a odiar a todo y a todos ¡No quiero vivir!

-No, no me pasa nada ¿Dónde está la estación de trenes?

Estaba tan sorprendida ¡Tan desorientada! Estaba en la ciudad de Valencia y ni siquiera sabía como había llegado allí. Recordaba el acento de los hombres que me follaban en el burdel y para nada se parecía al de las personas de Valencia ¡Es más! No creo que ni siquiera fueran de España ¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé por qué me preocupaba. ¿Qué más daba? Ser retenida en España o fuera de ella, sea como sea no me harán caso alguno en ninguna comisaría ¡Pensarán que estoy loca!

Decidí volver a casa, lo haría en tren que es la manera más fácil de viajar sin pagar. Caminando en dirección a la estación fui pensando en que es lo que diría a mis padres cuando apareciera en la puerta de su casa ¿Me recordarán? Un escalofrío recorrió la totalidad de mi cuerpo. Ya en la estación busqué un asiento para pasar la noche ¡Vuelta a empezar! Sola y sin dinero, sentada esperé la llegada del tren que me llevaría a la casa que nunca debiera haber dejado. Tenía hambre, estaba mareada por no probar alimento alguno desde que salí del hospital. Hambrienta como estaba monté en el tren.

-Señorita ¡Billete por favor!

-No tengo billete, no tengo dinero para comprarlo.

No sé si mi suerte empezaba a cambiar, pero el hombre encargado de vigilar que nadie viaje sin pagar miró fijamente mis ojos, ojos llenos de incertidumbres. No sé que es lo que vio en ellos que dice:

-No se preocupe, viaje hasta donde se dirija no le volveré a pedir el billete.

Empezaba a ver que aún quedaban personas buenas ¡Que no todo era malo! A pesar de mi dureza mis ojos empezaron a derramar lágrimas ¡Lágrimas de impotencia! Lágrimas de agradecimiento. Ese hombre era la segunda persona en el día que se había interesado por mí ¡Me había ayudado! Y sin pedir nada a cambio. Por el fondo del pasillo le veo aparecer:

-¡Hola chica! ¿Por cierto, cómo te llamas?

-Me llamaban Anita.

El hombre no solamente me dejó viajar sin billete, me trajo un bocadillo y una botella de agua. Se preocupó por mí, le conté un poco de lo sucedido y se le saltaron las lágrimas ¡Qué dulzura de hombre! Cuando llegué a Madrid, me disponía a descender del tren, se acercó y me dijo:

-Toma Anita, he hablado con los compañeros y entre todos hemos reunido 100 euros para que te defiendas unos días ¡Te deseamos suerte! Toma mi número de teléfono, si alguna vez te encuentras en apuros llámame.
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Antiguo 19/11/10, 13:22   #12
Laragnariz está desconectado Laragnariz
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Emocionado te felicito por el relato.

Nayara, y el final de la hitoria?
Me que de con la duda.

Me pregunto cuanto de esta historia, no es la historia de muchas mujeres.

Gracias Nayara por este relato.
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Oxyzen
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Antiguo 19/11/10, 18:17   #13
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Un paseo por la calle Rocafort

Un paseo por la calle Rocafort

Paseando con el fresquito de los últimos días por la calle Rocafort, me viene a la memoria que en ella se encuentran algunos pisos de chicas y también algunas pelus chinas. Me siento en un banco, conecto mi Blackberry y la larga lista que aparece no cabe en la pequeña pantalla.
Veamos que podemos encontrar en esta calle, de la cual el ayuntamiento debería considerar el cambio de nombre, razón: mi Blackberry se ha colgado…

Si iniciamos nuestro paseo matutino desde Paral·lel, en primer lugar nos encontramos con Paral.lel, 154 (Rocafort/Entença). Pelu china de la que apenas hay expes.

Subimos Rocafort hacia barrios más nobles. Al llegar a Sepúlveda encontramos a: Lady Naamah - Rocafort/Sepúlveda.

Cruzamos la Gran Vía, verdadera autopista urbana que separa el barrio, donde se ubica, nunca mejor dicho una sudamericana: Pilar - Sudamericana - Rocafort/Gran Via.

En la calle Diputació, ya se nos empieza a acumular el trabajo, ya que encontramos dos pisos: Gala - Española - Rocafort/Diputació. y Juani - Española - Rocafort/Diputació.

Continuamos y a la izquierda encontramos: Rocafort 109, Principal 2ª.

Después de unas calle tranquilas, llegamos a Vàlencia: Helena - Brasileña - Vàlencia/Rocafort.

Y casi justo al lado: Rocafort 152, principal 3ª

Subiendo a la izquierda nos encontramos con: Ming Ming - Rocafort, 193 . Una de las pelus chinas mas visitas, tanto por sus instalaciones, como por sus masajistas, aunque últimamente algunas se han ido. Uno de los hilos mas visitados del foro.

En la misma acera y solo unos metros más arriba esta: Estética 203 - Rocafort, 203. Este centro de estética se convirtió en un centro de masajes chino. Es un local pequeño y cutrillo, que tiene mucho éxito, gracias a una masajista llamada Mireia. Su nombre actual: Chuang Mei - Rocafort, 203.

Y a sólo unos metros, pero en la calle Còrsega: Princess - Còrsega/Rocafort.

En la calle Provenza, se nos vuelve a complicar el GPS, dos destinos a elegir: Anabela - Argentina - Provenza/Rocafort. y Irene34 - Provenza / Rocafort.

Llegamos a la calle Entença, donde se encuentra la parada del mismo nombre de la línea 5, la azul. Además del metro se encuentra: KarmaSecret - Rocafort (metro "Entença").

Si giramos unos metros a la derecha en dirección al Clínic, nos encontramos, con otra pelu china: Rosselló 38 (Rocafort/Calàbria).

Y muy cerca esta Eva: Eva - Argentina - Calabria/Rocafort.

Subiendo un poco mas, a la altura de Paris y a nuestra izquierda, se encuentra: Isabelama - Rocafort 249 (Paris). Pelu china donde también se hacen masajes. A destacar el constante cambio de masajistas. En la actualidad trabaja una de las masajistas que antes estaba en Ming Ming.

Y aunque el paseo a sido lento y agradable comprobando direcciones y mirando tiendas y bares, mi querida Blakberry, me dice que debo volver a la realidad, es decir, al trabajo, y que me guarda en su memoria, recordándome irónicamente, que es mejor que la mía, y que el próximo paseo por la calle Rocafort, visitaremos los siguientes lugares: Kristina (ex- Muntaner 9X) - Rumana – Rocafort, Cristina - Ucraniana - Rocafort, Laura - Argentina - Rocafort, Xiao Wey (Independiente) - Zona Rocafort, Anastasia - Rusa - Rocafort, Princess - Corsega/Rocafort, Nicoly - Brasileña - Rocafort, Veronica - Salvadoreña, Masaje tantra, Andrea - Italiana - Rocafort, Pamela - Brasileña, 35 años - Rocafort, Camila Fernández - Brasileña – Rocafort, Elena- Rusa de Loquo –Rocafort, Patricia - Argentina - Rocafort, Pamela - Brasileña - calle Rocafort, EvaSexSardana - Catalana - Carrer Rocafort . . .

Ardua tarea, querida Blacberry.
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Hombre tonto escribir en Internet (proverbio chino anónimo)
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Antiguo 17/12/10, 00:33   #14
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El Asceta y la Prostituta. Cuento hindú

En un pueblo de la India vivía en una choza un riguroso asceta. Frente a él, una prostituta visitada constantemente por hombres. El asceta llamó a la prostituta y la reprendió severamente:

-¿Qué forma de vida llevas, perversa mujer? Estás corrompida y corrompes a los otros. Insultas al Divino con tu comportamiento.

La mujer se sintió muy triste. En verdad quería llevar otra forma de vida, pero dadas sus condiciones era difícil. Así no pudo rehusar a su modo de subsistencia, pero se lamentaba de tener que recurrir a la prostitución y dirigía su mente al Divino cada vez que era tomada por un hombre. El asceta comprobó que la mujer seguía siendo frecuentada por toda clase de individuos. Tomó la medida de coleccionar un guijarro por individuo que viera entrar en la choza de la prostituta. Al cabo de no mucho tiempo tenía un montón de guijarros. Llamó a la prostituta y la recriminó:

-Mujer terrible, ¿ves esos guijarros? Cada uno de ellos representa un pecado.

La mujer sintió un gran dolor. Deseó profundamente que el Divino la apartase de su forma de vida y unos días después la muerte se la llevaba. También murió el mismo día el asceta, y he aquí que a la mujer fue llevada a las regiones más elevadas y el asceta a las regiones más inferiores. Cuando esto comprendió, el asceta protestó por la injusticia del Divino. Un mensajero de Vishnú le explicó:

-Te quejas de ser llevado a las regiones inferiores a pesar de haber transcurrido tu vida en mortificación y ascesis, y de que la prostituta sea llevaba a las más altas, pero ¿es que no comprendes que somos lo que cosechamos? Mira a la tierra. Allí está tu cuerpo, rociado de perfumes y flores, honrado por todos, cortejado por músicos y plañideras para ser incinerado junto al río sagrado con todos los honores. En cambio, mira el cuerpo de la prostituta, abandonado a los buitres y chacales, ignorado y despreciado. Pero, en cambio, ella cultivó pureza y elevados ideales para su corazón, y tú, por el contrario, de tanto mirar el pecado lo teñiste de impureza. ¿Comprendes, pues, por qué cada uno vais a una región tan diferente?
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Mas a pesar del tiempo terco, / mi sed de amor no tiene fin; / con el cabello gris, me acerco /
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Ruben Darío (Juventud divino tesoro)
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Pescondido (17/12/10), Rosser (17/12/10)
Antiguo 03/02/11, 18:40   #15
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"Dos monjes"

Un día dos monjes un maestro y su alumno regresaban a su templo y llegaron a la orilla de un rio donde se encontraron con una hermosa mujer, ella estaba llorando porque no había un puente, y no podía cruzar al otro lado, temerosa porque el rio había crecido y la corriente era fuerte..

Uno de los monjes el maestro se ofrecio amablemente “Si quieres te podemos cargar hasta el otro lado del río”. Así que los dos hombres juntaron sus manos, la levantaron entre los dos y la cargaron hasta el otro lado del río. Cuando llegaron al otro lado, la bajaron y ella siguió su camino.

Los monjes siguieron su camino en silencio, despues de varias horas , el maestro se percata de la actitud contrariada y distraída de su alumno, y le pregunta: – ¿Qué corre por tu mente, te ha sucedido algo?, después de un buen rato, dijo: “Mira mi ropa, esta toda sucia por haber cruzado a esa mujer por el río que ni siquiera nos dió las gracias!. Y mi espalda todavía me duele por haberla cargado. Siento que se me està acalambrando. ” El primer monje simplemente sonrió y asintió con su cabeza.

Un poco más adelante, nuevamente el alumno se quejó otra vez, “Mi espalda me duele tanto, y todo es porque tuvimos que cargar a esa loca mujer para cruzar el río! No puedo seguir adelante por el dolor.” El maestro miró a su alumno, que ya estaba tirado en el suelo quejándose y le dijo “¿Te has preguntado porqué yo no me estoy quejando?”

El maestro, con aire divertido, le contesta: “Tu espalda te duele porque todavía estás cargando a la mujer. Yo a ella la baje cuando cruzamos el río y tú sigues llevando su peso sobre tus hombros”

Morelaja:

¿Cuántas veces nos sucede lo mismo que al confundido alumno de la historia? Nos preguntamos demasiados POR QUÉS que normalmente no tienen respuestas, y por supuesto la ausencia de las mismas compromete la sanidad de nuestra existencia.

La propensión al POR QUÉ es derivación de una actitud que estanca la evolución de una persona debido a que catapulta una lucha imposible: hacer que el Universo gire alrededor de nuestros designios; evidentemente eso no es posible ni factible, y así entregamos nuestra vida a una causa perdida.

Es así como muchos aun siguen llevando las cargas del pasado por años y sus vidas están cansadas de ese peso. No cargues más tu amargura y aligera el peso de tu alma.

Deja la cargas de tu pasado en la otra orilla del río, no sigas cargando con ella. Nos sucedió lo que sucedió para crecer en nuestra vida.
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Cita:

All For One

We'll drink together
And when we drink we'll drink together, not alone! :3some:
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Giselle br (10/02/11)
Antiguo 09/02/11, 22:06   #16
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la verdadera historia del amigo Saurio por PESSOA

Había una vez un elfo (que es un hada macho) que estaba enamorado de una princesa que no existía.
Jamás, un elfo se debe enamorar y menos de una princesa porque pobrecitas hay tantos elfos que no todas ellas pueden existir.

Pero estar enamorado de una princesa que no existe, es algo muy incómodo. Las personas inexistentes no tienen conversación ni plática ni cosa alguna. No son buenos padres ni buenas madres, porque no son padres ni madres, lo que de cualquier manera es una disculpa, pero como todas las disculpas, absurda.

Este elfo quería alcanzar a la princesa que no existía, porque era él quien estaba enamorado. Y se dedicó a leer cuentos de hadas, para enterarse de la forma en que podría ganarse su amor y casarse con la princesa. Desgraciadamente los cuentos de hadas no hablan de elfos que se enamoran de princesas precisamente como aquélla, porque las otras están siempre en alguna parte aunque sea en la última página del cuento.
Por eso el elfo no aprendió nada de los cuentos de hadas.

Entonces el elfo se puso a pensar. Se sentó en la grada de una puerta, apoyó los codos en sus rodillas cruzadas y se metió en la boca el pulgar de la mano derecha. Comenzó a roerse la uña del pulgar, cosa que los niños y niñas no deben hacer, pero los elfos sí.
Pensó, pensó y pensó, y no llegó a nada, que es lo que les acostumbra suceder a todos los hombres del mundo cuando piensan; sólo que éstos no se enteran y los elfos sí.

Como vio que leer no sirve para nada (a los elfos) y que pensar tampoco les es útil (a los elfos), decidió hacer un envoltorio con su ropa, y con él y con un bastón, seguir su camino hacia ninguna parte para ver si encontraba algo que no sabía qué era, y si ésto le decía cómo debía matar al dragón, del que sólo ahora se acordaba que existía pero al que prefería no encontrar y escaparse de los ladrones, y encontrar en algún palacio a la princesa que no existía, casarse con ella y recibir grandes presentes de los reyes, sus suegros, que por más señas se habían olvidado hasta de no existir.

Así fue caminando hasta que finalmente llegó a una caverna (quien camina mucho siempre se encuentra en una caverna), y vio en la puerta a un viejo muy viejo de barbas blancas, muy blancas, y le vio en la cara que parecía querer dormir y que se encontraba pensando muchos pensamientos.

El elfo llegó junto al viejo y lo jaló de un brazo, lo que es muy mal educado. Después, como el viejo no se diera cuenta, le pegó un puntapié en aquella parte del culo que estaba fuera de la piedra en que se encontraba sentado. También esto es una gran falta de educación y ni siquiera a los mendigos les está permitido cometerla; el viejo, pobrecito, despertó de pensar y dijo "Caray", que es lo que cualquier persona diría poco más o menos.

Después, el viejo despertó del todo y preguntó: "¿Qué es lo que quieres?", lo que es natural porque alguien que nos despierta debe querer decirnos algo, ya que si nos quisiera golpear sería más fácil golpearnos mientras dormimos. Resulta claro que el puntapié que le propinó al viejo sólo fue para llamar su atención y lo hizo en una parte blanda.

FERNANDO PESSOA :hat_3:
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Antiguo 20/02/11, 23:48   #17
Caesar está desconectado Caesar
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¡Que difícil es amar a dos personas al mismo tiempo!

Las mujeres corrían con sus vaporosos y semitransparentes túnicas tras él, sin parar de
repetir cuanto le amaban. Pero Narciso, haciendo ostentación de su arrogante belleza, iba
rechazando una tras otra las múltiples insinuaciones que las diversas ninfas le iban
ofreciendo. El bello Narciso les contestaba a cada una se éllas con la siguiente frase


- ¡Yo no puedo amarte y al mismo tiempo amarme!

Como las bellas damiselas nunca osaban contrariar al hermoso Narciso, decidieron
no melestarle más, al menos por un tiempo.


Una de éllas, de nombre Fedora y recién llegada al grupo, no estaba de acuerdo con
sus compañeras ni mucho menos con los reiterados rechazos de su admirado y amado
Narciso y decidió acosarlo un poco más.


- ¡Si!, realmente amar a dos personas es muy difícil - dijo Fedora y prosigue - Pero
si estuviéramos juntos amado mio, lo podríamos hacer más fácil; ¿cómo?,
pues tu me amarías y yo te amaría a ti.


Narcido se quedó mirando fijamente a Fedora y con un gesto de estrañeza replicó
a la insistente damisela

- ¡Paciencia .. paciencia, a ver si lo entiendo!: Tu me amarías a mi, pero ¿y yo?

Fedora le contestó al instante:

- ¡Tu a mi! ¿Qué te parece mi amor?

Narciso seguía sin verlo muy claro y le dijo

- ¡Tu a mi!, vale esto ya te lo he oido, ¿pero yo a quién?

Fedora tranquila y dulcemente le contesta

- ¡Tu a mi cariño, con paciencia!

Narciso que seguía sin verlo nada claro, empezó a discurrir en voz alta mientras
iba alisando su hermosa cabellera

- ¿pero qué está diciendo esa?, ¿qué pretende de mi?, amar, amarse, amarme
yo, tu, ¿ a ti, a quién.......?. ¡Ah ya lo entiendo!
- exclamó Narciso - Significa
que ¿Tu a mi ?


Fedora pintando una ámplia sonrisa en sus labios, exclamó

- ¡Si, si! al fin lo han entendido amor mio

Pero Narciso súbito la interrumpió, y le dijó

- ¿Sabes una cosa, preciosa, a qué viene complicar tanto la vida? veamos: ¡Tu a mi!
¡Yo a ti! ........no se ¿Por qué no dejamos que cada uno se ame a si mismo?.
¡Es tan sencillo!


Fedora decepcionada no quiso contestarle, solo le miró y pensó para si misma

- A este hombre le resultaría muy difícil amar al mismo tiempo a dos personas,
¡A mi y a él mismo!



Salud

Caesar
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La vida no es un problema a resolver si no una realidad a experimentar

Última edición por Caesar; 20/02/11 a las 23:56.
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Antiguo 22/07/12, 13:22   #18
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Lisa

Lisa es una joven prostituta que trabaja en las calles de Barcelona. Se mueve por los alrededores del Camp Nou, como otras muchas chicas que se ofrecen a los transeúntes que por allí discurren.

Pero Lisa es el escalafón más bajo de la prostitución callejera: es subsahariana, y por tanto su piel es más oscura que la de las chicas que trabajan justo en la acera de enfrente. Y ese pequeño rasgo diferenciador hace que su cotización en la calle baje notablemente. Lisa no entiende por qué. Apenas habla español, pero ha aprendido algunas palabras básicas, y el resto lo hace con el lenguaje universal de los signos y su amplia sonrisa, que deja traslucir unos espléndidos dientes blancos.

No deja de resultar curioso que el nivel más bajo de este comercio de cuerpos se sitúe justo al lado de uno de los hoteles más caros de la Ciudad Condal (el Hotel Rey Juan Carlos I). La paradoja es aún mayor porque ese hotel lleva justamente el nombre del Jefe del Estado, un Estado en el que Lisa es discriminada por ser pobre, inmigrante y sobre todo, por ser negra.

No sabemos si Lisa se llama realmente así. Pero cuando algún cliente pregunta su nombre, ella le dice que es Lisa.
No está sola en la calle: hay otras chicas africanas en esa zona, a poca distancia una de las otras, por seguridad. Lisa ha aprendido que no debe alejarse mucho de esa zona, porque así sus amigas la ven o al menos saben dónde está. Le han enseñado un lugar un poco discreto, donde los clientes que llegan en coche pueden aparcar.

Estos clientes, al igual que ellas, son de bajo nivel económico. Pueden ser chicos jóvenes que no han triunfado en la discoteca, y han de aliviar de alguna manera la testosterona que les invade. O bien algunos hombres de mediana edad, que siente morbo por estar con mujeres de color. Pero los españoles son unos racistas, y prefieren a las espigadas chicas blancas que trabajan justo en la acera de enfrente. Lisa no entiende por qué los clientes no le prestan atención. Es alta (cerca de 1.80), y sus altas botas de tacos la hacen aún más alta. En su país hay muchos altos. Su padre, si viviera, sería más alto que ella.

Pero como hemos visto, Lisa no tiene éxito. Cobra menos que las chicas blancas de la otra acera, que son de la Europa del Este, pero ni aún así. Allí enfrente siempre para algún coche a mirar. En cambio, en su lado, los coches no quieren detenerse. Ella y sus amigas prácticamente se ponen delante de los vehículos, para obligarles a parar, o bien les hacen gestos ostensibles para que se detengan. Pero muchos prosiguen la marcha. Pocos son los que se detienen y dejan que Lisa les ofrezca sus servicios.

Pero aquí no termina el calvario de Lisa. Por azares del Destino, su casa está lejos del Camp Nou. Ha de atravesar la ciudad, y no puede tomar el Metro porque la forma en que va vestida llamaría demasiado la atención. Los rateros saben que una prostituta, tras finalizar su jornada, lleva algo de dinero encima. Por eso aprovechan y muchos las asaltan. Lisa también ha oído historias de clientes que han violado a chicas, e incluso les han robado lo poco que tenían.

Así pues, Lisa, como el resto de chicas, va al “trabajo” en taxi, y vuelve del mismo modo. Pero al vivir lejos, el taxi le cuesta caro, y Lisa no gana mucho. Por ese motivo sigue los consejos de sus amigas, e intenta un trueque con el taxista: que la lleva a casa a cambio de un favor sexual. Ese es, probablemente, el peor momento del día. Primero ha de esperar que pase un taxi, luego ha de pararlo. Muchos taxistas, que saben cuáles son sus intenciones, no se detienen. Continúa esperando: ve una luz verde a lo lejos, hace gestos ostensibles, y el taxi se detiene. Intercambia unas palabras con el taxista, pero éste parece no estar de acuerdo con la proposición, y sigue camino.

Son las cinco y media de la mañana de un martes. Lisa sólo ha tenido dos clientes: cincuenta euros desde las diez de la noche, pasando frío. Le duelen los pies de tanto andar con esas botas. Ha comido algo pero tiene hambre. Y aún le queda un último servicio, aquel que la llevará a casa.

Se acerca un taxi: es un SEAT Alhambra. Le resulta familiar el aspecto del conductor: un hombre gordo y deforme que la mira con una media sonrisa. Sí, piensa, éste ya me ha llevado otras veces. El hombre abre la ventanilla y le dice si quiere que la lleve a casa. Ella le dice que no tiene dinero, que a cambio le pagará con sexo. El hombre acepta. Ella abre la puerta y se sienta en el asiento delantero. El coche arranca y Lisa se va hacia su casa.

Poco dura la alegría en la casa del pobre. Al día siguiente Lisa vuelve al trabajo. El taxi de ida ha de pagarlo de su bolsillo. Alguna vez ha tenido más suerte, y el mismo taxista que la llevó a casa a cambio de sexo, se ha ofrecido a traerla de nuevo con el mismo trato. Pero no suele ser habitual, así que Lisa ha de pagar los cerca de 20 euros que le cuesta la carrera. Cuando llega a su zona habitual, se encuentra con que la policía está practicando detenciones entre las chicas que allí se encuentran. Piden “papeles”. Lisa es una emigrante ilegal, aunque huyó de su país por causa de la guerra. Su padre, funcionario de alto rango del Gobierno, fue asesinado ante sus ojos. A ella la violaron y la dejaron por muerta. Pero sobrevivió y tras mil peripecias, logró llegar a España. Escogió Barcelona porque tenía mar y un clima más benigno que Madrid. En su país también había mar, y cuando miraba el golpear de las olas contra la playa se creía retornada a la infancia en su país natal.

Los policías son implacables en su trabajo. La Gerencia del hotel ha recibido quejas de los clientes, que no quieren pagar 300 euros al día por una habitación en una zona atestada de prostitución callejera. Y como el dinero lo mueve todo, al final ha habido una redada. Se han llevado a muchas chicas. Las rusas tienen sus papeles en regla (visados de estudiante o cosas así, y pronto son puestas en libertad. Pero las compañeras que son como Lisa no tienen tanta suerte. Están en situación ilegal, y serán conducidas a la comisaría de la Verneda, desde donde se tramitará su expediente de expulsión. Lisa también ha sido arrestada, pero le dice al policía, a través de un intérprete, que es perseguida en su país, y que pide asilo político. Cuenta la historia de su familia, de cómo su padre fue asesinado por los rebeldes. El policía que la escucha la toma en serio, porque Lisa le muestra documentos en inglés de quién era su padre. La separan de sus amigas y la dejan en libertad. El intérprete le dice que deberá presentarse en pocos días en esa misma comisaría, donde se verá su solicitud.

Lisa sale de la comisaría. Está más cerca de su casa, pero ha de tomar un taxi. No tiene mucho dinero, aunque le alcanzará. Pero esta noche no habrá nadie más en su vivienda: las otras chicas están en comisaría, y seguramente ya no podrán volver a vivir allí. Las enviarán quién sabe dónde. Todo con tal de que la zona se vea libre, por unos días, de prostitutas. Pero al cabo de unos días volverán, ellas y sus clientes, y la rueda de la vida seguirá girando para todos.
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